Hace unos días, al salir de casa, me quedé unos instantes viendo cómo estaba todo listo para que comenzaran a montar el puesto de tacos que se suele poner a escasos metros de la puerta y comencé a pensar en la importancia que tiene en México el comercio informal.

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Justo cuando estaba saliendo de casa para ir a trabajar, coincidí con un señor que traía en su bici, al que había añadido un accesorio en la parte delantera para transportar un montón de refrescos. Se paró justo al lado de donde minutos después debería estar el puesto de tacos y dejó una caja repleta de botellas de Coca-Cola. En el mismo espacio transportaba envases vacíos, por lo que doy por hecho que también se encargan del reciclado de los mismos y su posterior relleno. La escena no me llamó, en ese momento, mucho la atención. Era algo habitual en nuestro día a día en esta ciudad inmensa, donde el comercio informal forma parte de nuestra vida y al que mucha gente dedica su tiempo y esfuerzo. Pero al mirar con un poco más de detalle, pude observar que la caja no la habían dejado en cualquier lugar. Lo habían hecho justo la lado del vehículo que utilizan para guardar su espacio, junto al hielo que, presumiblemente, habría dejado otro proveedor poco tiempo antes y al lado de una garrafa de agua. Todo, sin la presencia de los “taqueros” ni la necesidad de que hubiese ninguna hoja de albarán de por medio o registro de la operación.

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En ese momento pensé ¿cómo se organiza el comercio informal? ¿qué tipo de normas, leyes, usos y/o costumbres tienen que respetan y dejan los insumos en la misma calle, al acceso de cualquiera, pero que todo el mundo respeta? Y esto mismo sucede en un país donde todo el mundo se queja de la seguridad y la falta de respeto por la propiedad ajena.

Los pesó de la economía informal

Según estudios del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) la economía informal representaba, en 2015, un 23,6% del PIB del país. Unos 195.576 millones de euros, que no es poco.

Cerca de la mitad de la población activa está relacionada de algún modo con la economía informal. Según datos publicados en el estudio “La Ocupación en el Sector No Estructurado en México 1995-2003” (INEGI), el peso que tiene la economía informal en los niveles de ocupación, en 2003, rondaba el 50%.

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En este mismo informe, podemos ver como la economía informal suele ser un tema predominanmente masculino (un 66%  del empleo total). Un rápido recorrido por la calle, los comercios y las empresas de servicios nos permite ver cómo ellos son los que salen a la calle a trabajar, en comercios informales (ya sean taquerías, repartidores, etc.), y ellas encuentran trabajo en negocios formales, donde les pueden ofrecer mejores condiciones sociales, un seguro médico y algunos beneficios al margen de la nómina que les permite mejorar las condiciones de vida de la unidad familiar.

Los orígenes del comercio informal

Desde que el ser humano comenzó a comercial, siempre ha existido el comercio informal. Así que primero deberíamos definir qué es lo que podemos considerar como comercio informal. Una posible definición sería “el sector no moderno o no capitalista de la economía, donde la utilización del capital es relativamente baja, predominan actividades económicas de pequeña escala”. Si bien existen muchas empresas que optan por cierto grado de informalidad para pagar menos impuestos, hace que la descripción de la informalidad no sea blanco-negro si no más bien una serie de todos de gris, llenos de matices. Un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) concluyó que el 65% de la evasión de impuestos procede de empresas formales.

Comercio informal - Tacos 01
El puesto de tacos a lado de casa a pleno rendimiento.

Uno de los principales motivos para el auge del comercio informal es la excesiva burocracia que existe en México. Muchos ciudadanos han sufrido largas filas y tiempos de espera prolongados para poder pagar sus impuestos e incluso sobornos para poder “agilizar” los trámites necesarios para cumplir con Hacienda. Si a una excesiva burocracia y prolongados trámites para crear empresas (y por ende empleo) le unimos una serie de crisis que han azotado a México en las últimas décadas, junto con políticas macroeconómicas inadecuadas, tenemos el caldo de cultivo perfecto para que muchos, que han visto desvanecerse sus puestos de trabajo, vean en la economía informal una forma de subsistencia.

¿Es un beneficio o un daño para la sociedad?

La economía informal ha sido una forma de salvación para muchos que se han visto abocados a la calle y perdieron sus puestos de trabajo debido a las innumerables reformas que se han llevado a cabo en México. Las diferentes crisis y un bajo nivel de formación de la mano de obra no cualificada, hace que sea más complicado la reinserción en el mercado laboral de muchos de estos trabajadores.

Por este lado, la posibilidad de encontrar un sustento, a través del comercio informal, ayuda a muchas familias a no caer en la miseria y poder sobrevivir e, incluso, prosperar. Este es, en mi opinión, el principal punto positivo del comercio informal en México.

Pero no todo es positivo en esta historia. El comercio informal puede llegar a generar unas pérdidas de hasta el 50% o el 70% a los comercios legales. Aunque puedan parecernos unas cifras exageradas, si es cierto que los innumerables puestos de tacos callejeros, que existen cerca de cualquier núcleo de oficinas, no ayuda a que desarrollen restaurantes que puedan ofrecer un menú a precios económicos en la misma zona. Es una competencia desigual en donde, en la mayoría de los casos, la balanza cae del lado de la informalidad.

Comercio formal en México
Ejemplo de comercio formal en la Ciudad de México.

El comercio informal, además, no está generando un retorno a la sociedad de los beneficios que obtiene con su actividad mediante el pago de impuestos. Están al margen del sistema y no aportan al bien común. Tampoco lo hacen en puestos de trabajo (legales) ni en la generación de contratos que protejan al trabajador y le ofrezcan unos beneficios sociales mínimos. Al final, el peso impositivo recae sobre los que ya pagan impuestos y cualquier reforma tributaria afectará, por lo mismo, a aquellos que ya contribuyen a las arcas del Estado, sin que los que desarrollan su actividad dentro del marco de la informalidad se vean afectados.

Y este es un circulo vicioso difícil de detener. En la oficina suele ser habitual hablar de la informalidad de un modo u otro. Es normal que, al ser extranjero, surja de vez en cuando la comparativa entre cómo suceden las cosas aquí y cómo suceden en España. Mis compañeros se sorprenden de lo caro que resulta un menú del día en Madrid y lo comparan con lo que cuesta aquí comer en la calle o disfrutar de una comida corrida (lo más parecido a un menú del día). Pero se olvidan o desconocen que muchas empresas ofrecen cheques de comida o tarjetas para subvencionar este coste y, en la mayoría de los casos, los sueldos en España son considerablemente mayores justo para adaptarse a un coste de vida también mayor. Es algo que con el paso del tiempo los empleados en España han peleado y han logrado mejorar sus condiciones laborales. Y eso aquí, en México, aun falta.

Conclusiones finales

México es un país complejo, lleno de vida y actividad. El comercio informal demuestra que los mexicanos son, por norma general, trabajadores y creativos que siempre encuentran una forma de salir adelante. La corrupción en este país hace que muchos prefieran la informalidad a engordar con sus impuestos los bolsillos de los políticos y generan con ello una espiral donde cada vez hay menos recursos para hacer frente a las necesidades de una población que no para de crecer.

También reconozco que los puestos de tacos (y otros manjares callejeros) son parte de la cultura mexicana y parte de la idiosincrasia de un país. Prescindir de ello sería un duro golpe para todos y para una rica gastronomía que tienen en la calle uno de sus mayores exponentes y campos de desarrollo y evolución. Se debe llegar a un equilibrio donde se fomente la economía formal y una regulación que siga permitiendo esta libertad que incentiva la creatividad mexicana sin olvidar que Hacienda somos todos… aunque en México no tanto.

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