La confrontación como elemento positivo en la empresa

Desde niños nos han enseñado que discutir no es bueno y que es mejor llevarse bien. Hay un dicho que dice “es mejor un mal acuerdo que un largo pleito” y en eso nos afanamos cuando trabamos con otras personas.

Pero es algo que no es correcto. Hace tiempo escribía sobre lo positivo de tener diferentes opiniones en un equipo de trabajo y generar debate en torno a las estrategias que se quieren desarrollar. Los equipos de trabajo que permiten discrepar y discutir sobre la idea original o la oficial tienen mayores probabilidades de tener éxito frente a los equipos que simplemente siguen a un líder con un pensamiento único.

Este punto de vista lo he aplicado, creo, desde que era pequeño. Aún recuerdo uno de mis primeros trabajos, cuando en una reunión con los máximos dirigentes de la empresa, el Director Financiero detiene la reunión y me dice “Jaime, di ya lo que estás pensando porque no paras quieto en la silla y me estás poniendo nervioso”. Podéis imaginaros que casi me da un infarto del susto. De repente toda la sala se gira hacia mí preguntándose quién sería ese mocoso que estaba asistiendo a la reunión. Hubo un conjunto de casualidades que me llevaron a participar, para dar apoyo en un tema muy específico que debía hablarse durante la reunión, pero mi función era básicamente quedarme callado todo el rato. Así que, de improvisto, pasé a ser el centro de atención de toda la junta directiva y los mandos más importantes de la compañía, que me miraban ansiosos para saber qué era tan importante como para parar la reunión.

Ese día aprendí dos cosas. La primera es que muchas veces lo lógico y natural no es siempre la mejor opción. Hay muchos otros factores que afectan e interfieren en las decisiones que se toman y en las estrategias que desarrollamos en nuestros negocios. El mundo no es perfecto, así que no hay decisiones blancas o negras, buenas o malas; hay un sinfín de combinaciones que hacen que la toma de decisiones sea algo más completo de lo que en un principio cabría esperar. La segunda cosa que aprendí ese día fue el no callarme lo que pienso. Si no compartes tu opinión jamás será tenida en cuenta y corres el riesgo a ser visto como un elemento más de la decoración de la oficina.

En ocasiones este planteamiento discordante hacía pensar a los demás que tenía una natural resistencia al cambio. Me han llegado a tachar de negativo y no querer evolucionar. Pero la gente, como suele ser habitual cuando hace juicios de valor sobre los valores y motivaciones que tienen los demás, no podría estar más equivocada. Cuando en una reunión donde estamos trabajando diferentes ideas y propuestas para una estrategia empiezo a hacer preguntas y a poner en duda el planteamiento general, no es por estar en desacuerdo, sino por el asegurar que estamos teniendo en cuenta todos los parámetros y posibilidades, por remotas que sean, para que nuestra estrategia no tenga puntos débiles en donde pueda fallar. Y eso muchas veces cuesta entenderlo.

Cuando lanzamos el nuevo modelo de Thermomix me pidieron formar parte del grupo de crisis a nivel mundial. Este proyecto era secreto, pues se quería lanzar el nuevo modelo de Thermomix a de forma global, al mismo tiempo y debía ser una sorpresa para todos. Así que nos encerramos unas cuantas veces, varios días en una sala y vimos todas las opciones de lo que podría salir mal, por donde se podría filtrar la información, qué tipo de información se podría llegar a filtrar y, finalmente, qué podría hacer la empresa para controlarlo y seguir con el plan previsto.

En este caso, el pensamiento crítico, la confrontación y crear conflictos nos sirvió para lograr una estrategia que permitió que el proyecto fuese un éxito. Finalmente, después de más de 2 años trabajando en el lanzamiento del nuevo producto, con más de dos mil personas implicadas y un sinfín de agencias, se logró contener cualquier filtración o rumor que pudiera habernos llevado al desastre, sin que se hubiesen visto afectadas las ventas de ningún país hasta esa fecha, lo que nos permitió lograr un año increíble en cuanto a resultados.

Puntos a tener en cuenta a la hora de fomentar el pensamiento crítico

Regresando al tema de buscar la confrontación y no rehuirla en los entornos laborales. Es una herramienta positiva si sabemos utilizarla adecuadamente. No es que debamos lanzarnos ahora a discutir por discutir, sin ningún motivo real y sin el menor de los respetos por nuestros compañeros. El pensamiento crítico y las discusiones dentro del entorno laboral deben de seguir ciertas normas.

La primera es que nuestra idea o posicionamiento aporten algo al proyecto, la estrategia o el tema que estamos tratando. De nada sirve discutir por discutir, así que si no tenemos algo que vaya a aportar a la discusión, mejor guardar nuestras observaciones para nosotros.

La segunda es ser asertivos y utilizar una escucha activa. Debemos entender lo que está tratando de exponer nuestro compañero, sus motivos y los objetivos que está buscando, pues sólo entonces podemos comenzar a debatir sobre el camino a seguir. Es fácil comenzar a discutir porque estamos hablando de cosas tan diferentes que en ningún momento nos vamos a poner de acuerdo. En cuanto a la escucha activa, es importante darnos tiempo a entender lo que la otra persona está diciendo. Muchas veces sólo escuchamos para poder comenzar a exponer nuestros argumentos en contra en cuando nos den la más mínima oportunidad. Debemos prestar atención a lo que nos dicen y, si podemos, repetir con las mismas palabras lo que nos acaban de decir para asegurarnos que hemos entendido bien. Sólo así podemos asegurarnos que estamos hablando sobre el mismo tema y que no estamos debatiendo sobre impresiones o suposiciones sobre lo que la otra persona quiso decir.

La tercera, y tal vez la más importante, es el respeto. Discutir no significa gritar o faltar el respecto a la otra persona. Cuando un tema nos apasiona es fácil que nuestro tono de voz se eleve y comencemos a discutir a gritos, pero es algo que se debe evitar a toda costa. Si la discusión comienza a elevar el tono o se empieza a utilizar términos que no son profesionales, es mejor parar, dar un tiempo y retomarlo cuando los ánimos estén más calmados.

Tu posición como pensador crítico en tu organización

Durante todos estos años que he estado trabajando a veces me preguntaba qué pensaban mis jefes cuando comenzaba a debatir y discutir sus decisiones. Más de una vez he pensado que estaría en la calle al día siguiente, pero siempre he seguido en mi puesto de trabajo y me han dado nuevas oportunidades para desarrollarme. Debo ser una verdadera piedra en el zapato. Pero siempre lo he sido por el bien de la empresa o del proyecto en el que he trabajado. Eso sí, debemos de tener claro que una vez que se llega a una estrategia, con sus cosas buenas y malas, se acabaron las discusiones y se debe apoyar con todo lo que se tiene. En ocasiones, aun cuando tengamos una opinión encontrada con la estrategia final adoptada, debemos apoyarla porque la responsabilidad final recae siempre en una única persona, ya sea el jefe, director del departamento, el CEO, etc… por lo que alguien al final debe de tomar la decisión, y puede que no todo el mundo esté de acuerdo. Expresar nuestro punto de vista no debe impedirnos remar en la misma dirección que todo el equipo una vez que esa dirección se ha fijado. Hay momentos donde se pueden expresas opiniones discordantes, y las empresas deben fomentar esos momentos, pero fuera de esos momentos debemos trabajar todos como en equipo.

Como conclusión sólo quedar decir que las empresas deben fomentar espacios y momentos para generar debate, discutir y exponer diferentes puntos de vista. El debate y la confrontación de ideas e hipótesis es buena para evolucionar como organización y afrontar mejor los desafíos del mercado. Pero esto debe llevarnos a trabajar también unos valores de trabajo en equipo y colaboración. Discrepamos para mejorar, pero luego trabajamos todos juntos para llevar acabo la estrategia que se haya decidido.

2 comentarios en “La confrontación como elemento positivo en la empresa

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